Jake Wyatt – Herbert Spencer (Toro)

En este blog todos aprendemos y yo aprendí un poco al investigar sobre este cigarro y su nombre. En lo personal me parece que Herbert Spencer suena como Fernando Fernandez o Gonzalo Gonzalez, pero resulta que es una persona conocida. Incluso, más conocida de lo que creerías. Se le ha llamado uno de los pensadores más influyentes del siglo 19, pero que simplemente no tenía el carisma de otros como Darwin o Marx. El término que usamos mucho hoy en día como «supervivencia del más apto» siempre hemos asumido (o yo siempre asumí) que venía de Darwin y su selección natural de las especies. Pero el término es de Herbert Spencer, interpretando los hallazgos de Darwin. Pero hablando del cigarro y de la marca, es un esfuerzo conjunto entre Neil Garcia y Gerard Abajian, lanzado en febrero de 2020 con seis líneas, todas con diseños raros en la capa. Aunque me confieso que esas capas me generan rechazo y lo máximo que puedo soportar es un barber pole, porque sus sabores tienden a variar mucho y no se define por ninguno.

Pero hablemos de lo que sí hay en este Herbert Spencer y es una mayoría de capa San Andrés mexicana, con pequeños retazos de Connecticut ecuatoriano, sobre capote y tripa dominicanos. Está disponible en 4 vitolas distintas de producción regular y una quinta limitada. No estoy seguro a qué corresponde el diseño de las líneas Connecticut en el cigarro, pero se ven muy singulares y distintas, como suele ser el caso. Cada vez veo más diseños sobre cigarros y todavía no sé si me gustan del todo, pues con excepción de los barber pole, el cigarro debe estar completamente cubierto de la capa más dominante y tiene pequeños trozos pegados de las capas menos abundantes, que son las que hacen el diseño. Los aromas de la capa son algo dulces y con nueces, mientras que en el pie se repiten estas nueces, aunque menos dulces y más aromáticas. Finalmente en la calada en frío se aprecian nuevamente nueces, pero también un toque herbáceo como de grama y tierra seca.

El tiro no es exactamente como me gusta y aunque puedo sobrevivir y no tener problemas con un tiro ligeramente apretado, el Herbert Spencer parece variar ese tiro regularmente, por lo que le doy algunos puntos de presión a todo lo largo y cuando me lo llevo a la boca le hago presión con los labios. Esta especie de masaje tuve que hacerla durante toda la fumada, pero valió la pena, porque desde las primeras caladas los sabores a tierra mojada son abundantes, aunque el humo no lo sea. También hay sabores de nueces y melaza, con menor intensidad, pero es en el retrogusto donde hay marcas más notables, destacando sabores a nueces, mango, cítrico y una sensación metálica que no es agradable y creo que es dada por la pequeña dosis de Connecticut, o al menos en mi experiencia hay cigarros con capa Connecticut que tienden hacia la nota metálica. La intensidad de los sabores es media-baja, con una fortaleza media y una quemada muy correcta, que espero se mantenga y con este tiro cualquier cosa es posible.

La verdad es que el primer tercio era una mezcla de sabores sin aparente liderato en las intensidades, o al menos eso parece por la intensidad general del cigarro y en comparación con el segundo tercio, en donde se hace realmente el sabor dominante, aunque también sucede porque el resto de los sabores, tanto remanentes del tercio anterior o nuevos de este, tienden a suavizarse bastante y desaparecer, sobre todo esas notas frutales tan llamativas. La nota metálica se mete en el paladar también, junto con notas florales, cítrico y madera, pero esos sabores y aromas de nueces, tan abundantes en frío y con presencia tan marcada en el primer tercio, desaparecieron por completo para cuando el segundo tercio llega. La intensidad se coloca en media, por alguno que otro sabor que se siente más presente y por tanto está algo por encima que en el tercio anterior, pero no por ello diría que el cigarro está más sabroso. La fortaleza sigue en media y de ahí ni parece querer moverse. El anillo de combustión es más o menos recto, o al menos en la foto sale bien, pero hasta el momento no ha requerido retoques.

Para el último tercio no hay mayores cambios, salvo el regreso de los sabores de nueces, principalmente en el retrogusto. Lamentablemente, los sabores de tierra y metal son los principales en el paladar y aunque un sabor de tierra puede ser agradable en un cigarro, la nota metálica no lo es y junto con la tierra hace que el cigarro se sienta predominantemente mineral. Hay notas sutiles de frutos rojos, pero no se mantienen mucho tiempo y luego de un rato me pregunto si realmente estaban ahí o si era un tema que quería que la experiencia mejorara. Curiosamente, cuando quité la anilla, su forma quedó marcada sobre la capa y aunque esto no aparece en ninguna imagen, sí quería mostrarlo en el último tercio, pero gracias a mi super memoria, pues no le hice foto de eso. El anillo de combustión también se deteriora en la recta final y el Herbert Spencer me demuestra por todos los medios que era al final del segundo tercio cuando debía dejarlo. Cuando marco una hora y 20 minutos, hago exactamente eso.

Hay pocos indicadores que justifiquen estos diseños locos en un cigarro y aunque trato de no dejarme llevar por mis prejuicios hacia estos diseños, la realidad es que hay muy pocos ejemplos que me hagan pensar distinto. El Herbert Spencer, con su nombre tan misterioso e influyente luego de un poco de investigación, ciertamente es un cigarro que me tenía intrigado y en mi humidor se notaba mucho. Pero hay quienes piensan que uno a veces le coge ideas a una marca y es imposible variar las puntuaciones, algo que me pasa regularmente con AJ Fernandez o Espinosa, que sus puntuaciones son algo consistentes. Este es el tercer cigarro de esta marca que pruebo. Al primero le di un 74, al segundo un 82 y este estará muy cercano a esos. En realidad no es un tema hacia la marca y al que le di un 82 realmente quería que me gustara más, pero en el caso del Herbert Spencer, es un buen cigarro la primera mitad de la fumada, pero cuando superé el ecuador y el cigarro se podía hacer más intenso y mejorar la densidad de sus sabores, hizo lo completamente opuesto y se puso más suave y sus sabores menos agradables, intensificando los que no debía. Va a ser difícil convencerme de darle una cuarta oportunidad a la marca, pero si llega por un pack mensual, lo haré.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacalera JVM
Marca: Jake Wyatt
Modelo: Herbert Spencer
Dimensiones: 6 x 54
Tamaño: Toro
Origen: República Dominicana
Capa: México (San Andrés), Ecuador (Connecticut)
Capote: República Dominicana
Tripa: República Dominicana
Precio: $12,00
Puntuación: 80

Privada Cigar Club – Academiae (Toro)

Para quien necesite saberlo, en Estados Unidos y disponible para muchos países (según tengo entendido) hay una suscripción que se llama Privada Cigar Club. Funciona como casi todos estos clubes, que pagas una mensualidad y te envían un número de cigarros. En el caso de Privada, se han hecho relativamente grandes en muy buena parte gracias a sus colaboraciones «secretas» con algunos de los mayores fabricantes de la industria. Digo secretas porque solamente lo sabes si eres suscriptor de Privada, pues no son tan grandes como para salir en las noticias del gremio que tal persona está colaborando con Privada. Sé que han hecho algunos cigarros con Tony Barrios de Stallone y este Academiae es en colaboración con AJ Fernandez. En cuanto al nombre del cigarro, Privada se ha metido en todo tipo de problemas por ponerle nombres a sus cigarros de personajes de televisión infantil y afortunadamente para este no se fueron por esa ruta, sino que es una serie de cigarros que celebran las películas de Wes Anderson y cada uno representa a una película. Este es por la película Rushmore y es el segundo de la edición.

El cigarro no es técnicamente un Connecticut, sino lo que se conoce como Doble Claro y aunque no hay muchos cigarros con esa capa, puedes tener claro que AJ Fernandez es quien los puede tener y quien tiene la osadía de hacer un cigarro así. Se trata de un toro 6×50 y el Academiae solamente existe en esta vitola. El color de la hoja no es producto de la fermentación sino del tipo de hoja y la maduración que tiene y por tanto sus aromas tienden a ser menos cremosos que los de un Connecticut y sus sabores más consistentes con una capa Habano, aunque no tan fuerte. En la capa los aromas son de paja, cítrico y un toque suave de madera, que se repiten en la calada en frío, pero con una sensación mucho más agresiva e incluso algo de pimienta.

El Academiae desde la primera calada se siente lo más distante a un Connecticut que puede haber. Sus sabores son de un picante intenso que estoy seguro podría dar cualquier resultado si se fumara a ciegas (sin ver la capa). Le acompañan luego de un largo rato, notas cítricas sin mucha descripción adicional y una sensación de nueces verdes, como cuando llega la época decembrina y comienza la fiebre por las nueces y las picas sin contemplar mucho su estado. Es esa sensación de nueces que no están del todo maduras y las comes con la piel (no la cáscara), y junto con esa sensación cítrica, la combinación es ciertamente peculiar. La intensidad es alta y eso es gracias a la fortaleza de la pimienta, que es el 65% del sabor, mientras que la fortaleza es media. Una buena ceniza denota una excelente construcción y un anillo de combustión que se mantiene casi recto.

Todas esas variaciones esperadas para el segundo tercio, gracias a su origen y a lo limitado de su producción no se sienten del todo y el segundo tercio del Academiae es muy parecido al primero, con una sensación menos agresiva del picante del cigarro pero no menos contundente en su intensidad, más por una sensación de madera muy intensa que nunca podrá estar a la par de la pimienta, pero está cerca. Los cítricos son los que dominan esta sección y la verdad es que son variados, incluyendo cáscara de limón amarillo, pulpa de naranja e incluso una sensación menor de mandarina. El anillo de combustión mejora, así como el tiro, que no es que estaba malo antes, pero el cigarro se sentía no muy bien empacado y en el segundo tercio parece que superé esa parte que no estaba del todo buena. Si algo caracteriza este tercio, aparte de una menor sensación picante, es una mayor sensación de madera y cítrico.

El último tercio del Academiae no es tan diferente al segundo, aunque los sabores sí cambian pero no la intensidad ni la fortaleza del cigarro. Aunque podríamos decir que sabores diferentes implican un cambio, el hecho es que el cigarro comienza a fallar un poco en su construcción, precisamente con esa aparente «esponjosidad» que podía haber parecido en el primer tercio y desapareció en el segundo. Creo que es un tema de la hoja y la temperatura, pero los sabores son menos cítricos y más de pan tostado o mejor dicho como un pan recién horneado, así como una ligera sensación dulce. Esta sensación esponjosa en el cigarro hace que el tiro sea irregular y no puedo hablar muy bien de eso, pero al menos su anillo de combustión se mantiene recto. Me toma una hora y 40 minutos finalizar el cigarro, lo cual finalmente sucede con toda la dignidad que merece.

Confieso que cuando recibí y encendí este cigarro y hasta que me senté a escribir esta reseña, estaba seguro que era un Connecticut y venía listo para destruirlo porque no nada parecido a lo que un Connecticut debería ser. Investigué un poco y descubrí que es Doble Claro y realmente es el primer cigarro con ese tipo de capa que fumo. Siempre se ha hablado de ella y a menudo la hemos mencionado entre amigos fumadores y por pura ignorancia la he mencionado como similar al Connecticut y ya veo que no lo es. Sus sabores son estilo Habano, si es que hay que compararlo con algo, pero no son exactamente Habano. Son más cítricos y considerablemente menos cremosos, lo cual hace de esta una experiencia muy singular. Me gustaría probar más, pero no son cigarros muy abundantes en el mercado y dicho todo eso, el Academiae no es un cigarro que volvería a comprar, o al menos no por $11 que es su precio. Creo que los sabores son predominantemente suaves, con excepción de la pimienta que no atribuyo a la capa. Además, la suavidad de la capa mientras está encendido el cigarro no ayuda mucho a que la experiencia sea positiva, pues tiende a calentarlo mucho. Pero más allá de eso, fue una experiencia interesante.

Ficha Técnica:
Fabricante: AJ Fernandez
Marca: Privada Cigar Club
Modelo: Academiae
Dimensiones: 6 x 50
Tamaño: Toro
Origen: Nicaragua
Capa: N/D (Doble Claro)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $11,50
Puntuación: 86

Ron: Caracas Club 8 Year

Total ignorancia de la existencia de este ron sería una manera bien resumida de explicar lo que sabía de este ron antes de probarlo. Dado que mi amigo Rones de Venezuela es experto en lo que él llama rones «repatriados», fue con él que lo pude probar. Un ron repatriado es un ron que es destilado y normalmente añejado en Venezuela, luego llevado a otro país en donde es envasado y vendido. Él los compra en otros países y los trae de vuelta a Venezuela, efectivamente haciendo la repatriación del producto.

Se trata de una mezcla de rones ligeros y pesados, destilados y añejados en Venezuela de 8 a 10 años en barricas de roble blanco exbourbon y finalmente embotellado en Begudà, España a 40% de alcohol. No indica de cuál destilería es, pero sí que es producto de destilación por columnas.

Así que sin más información que la conseguida en internet y detallada más arriba, procedemos a degustar el producto.

Se trata de un ron de color ámbar oscuro, muy llamativo por sus destellos que van de cobrizo al rojizo. Sus lágrimas descienden lentamente y se muestra muy consistente a la vista con lo que promete en la botella. Además que usan la nomenclatura correcta, identificando al ron más joven de la mezcla aunque incluya rones de mayor edad en el blend.

En nariz son aromas muy venezolanos, por lo que no existe adulteración e indica que fue efectivamente añejado en Venezuela. Sus aromas son de vainilla, caramelo, nueces y una nota tostada de madera.

En boca es intenso, realmente pareciera tener una mayor concentración alcohólica. Sus sabores son muy francos con respecto a los aromas: caramelo, vainilla, nueces tostadas, avellanas, cuero, torta de navidad, orejones de durazno, madera quemada y la sensación ahumada que acompaña ese sabor. El retrogusto es de caramelo quemado, pero al punto que denota un sabor agradable y no algo que sabe a quemado per se.

Ciertamente no es el primer ron repatriado que he probado gracias a Rones de Venezuela, pero en las últimas instancias de rones repatriados que he probado me he encontrado con sabores relativamente distintos, que muestran un añejado adicional en el país de embotellado, o con concentraciones alcohólicas mucho más altas. Esto es positivo en el sentido que vas a sentir sabores más concentrados y quizá hasta más puros, pero porque el ron venezolano tiende a ser destilado por columnas, también aparecen notas más químicas que no son del todo agradables, especialmente por la inclusión de alcoholes pesados a fin de potenciar el sabor.

Ciertamente muy repetible y un ron que vale la pena probar, especialmente en su país de origen vs. los precios tan elevados que los rones venezolanos a veces alcanzan.

Ficha Técnica:
Fabricante: Beveland
Nombre del Ron: 8 Years
Marca: Caracas Club
Origen: Venezuela / España
Materia prima: Melaza
Edad: 8 a 10 años
Precio: $35
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 88

Espinosa – Especial (Robusto)

En abril de 2015, Espinosa Cigars anunció el lanzamiento de un nuevo producto hecho en la fábrica La Zona, de Estelí en Nicaragua y llamado el Espinosa Especial, con Capa Negra (así se llama) mexicana sobre capote y tripa de 4 regiones de Nicaragua: Condega, Estelí, Jalapa y Ometepe. La marca prometía solamente un sabor «distinto» pero no mucho más. Su lanzamiento fue en 3 vitolas, que se mantienen hoy en día, sin la aparente adición de otras, y son robusto, toro y churchill. El cigarro llegó como parte del pack mensual de Cigar Hustler, aunque no tengo ni idea a qué mes correspondía.

Aunque la capa es mexicana, no es de San Andrés, o al menos no especifica que ese sea su origen. El Valle de San Andrés en México es una de las mayores áreas cubiertas por tabaco en el mundo y es toda propiedad de una sola familia: Turrent. Tengo entendido que todo el tabaco exportado de México viene de esta zona, así que bien podría ser que este también lo sea, pero que no es el estilo San Andrés. No obstante, la capa es considerablemente corrugada, con múltiples venas, arrugas y colores, pero muy uniforme en esa variedad. El cigarro también se siente esponjoso cuando lo aprieto, y eso es muy típico en los de la marca, que tienden a tener un tiro más suelto que los demás. Pero los aromas a chocolate, cuero, madera y establo de la capa hacen que se me olviden estos detalles de tiro. Lo pico y la calada en frío no se siente tan suelta como creería y los aromas son de madera muy aromática, tierra mojada, cuero y chocolate negro.

Los sabores del Espinosa Especial son exactamente los que esperaría de un cigarro nicaragüense, con una predominancia de notas picantes, aunque estas notas son de distintos matices, como si habláramos de pimienta negra y de paprika, por ejemplo. Pero también tiene sabores que varían en sus intensidades e incluyen tierra mojada (más como de agua estancada), pistacho, café en granos y madera de roble. El retrogusto tiene notas intensas de chocolate negro y algunas menos intensas de pimienta, esta sí es solamente negra o al menos durante este tercio lo son. La construcción parece buena, aunque el anillo de combustión no es realmente recto. El tiro efectivamente es tan abierto como en los Espinosa tradicionales, pero esto solo lleva a que la fortaleza se sienta un tanto más alta, llegando a media-alta, con una intensidad media.

Los matices y la intensidad de la pimienta en el paladar se ven reducidos en el segundo tercio, aunque en el retrogusto mantiene su presencia e incluso podría pensar que aumenta un poco. Los sabores cambian y ahora son unas notas cremosas de madera de roble y nueces los predominantes, mientras que hay notas más suaves de grama, cuero y chocolate. Las notas ligeramente dulces del tercio anterior han desaparecido, pero son reemplazadas por notas florales, menos obvias pero igualmente presentes. El tiro sigue más abierto de lo que quisiera y el anillo de combustión menos recto de lo que me gusta, pero hasta el momento no ha requerido retoques y la intensidad aumenta un poco, mientras que la fortaleza sigue en media-alta.

En el último tercio los sabores son los mismos, a madera cremosa, nueces, cuero y chocolate, pero las notas florales nuevamente cambian a notas dulces sutiles y el retrogusto ahora incluye vainilla además de la pimienta. Pero la pimienta sigue siendo dominante y el cigarro mejora su tiro, aunque ya para lo que queda de fumada poco vale la pena. Al mejorar el tiro la fortaleza se redujo un poco y esta dependencia de la fortaleza del cigarro con el tiro me fastidió un poco, sobre todo porque se pone bueno es al final. Pero realmente luego de una hora y 15 minutos, puedo decir que fue una fumada muy agradable, aunque el tiro se pudiera mejorar.

Aparte de este Especial, hay dos Espinosa más que he probado con capa mexicana, pero en ese caso los dos son San Andrés y son el Murciélago y el Sensei’s Sensational Sarsaparrilla. Ambos me gustaron bastante, por lo que la combinación de La Zona con San Andrés pareciera ser muy buena, aunque este Especial no estuvo al mismo nivel y por un lado fue por el tiro, pero por el otro la ceniza del cigarro fue algo desagradable, porque a partir de la primera caída, fue muy «escamosa» y siempre tenía alguna hojuela de ceniza encima. Esto no le da ni le quita a los sabores, pero sí le reduce puntuación a la experiencia. Pero como cigarro para probar, tener en el humidor y saciar una fumada con amigos, el Espinosa Especial es eso, exactamente.

Ficha Técnica:
Fabricante: La Zona
Marca: Espinosa
Modelo: Especial
Dimensiones: 5 x 52
Tamaño: Robusto
Origen: Nicaragua
Capa: México (Capa Negra)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua (Condega, Estelí, Jalapa, Ometepe)
Precio: $8,50
Puntuación: 85

Ron: Barrica 120 Don Sulbarán

Durante un rato muy agradable en la terraza de Rumbullion Club, hace unos meses pude conocer al ron Barrica 120 Don Sulbarán. Aunque en esa cata, para el momento que probé el ron ya tenía un par de cigarros encima y el Barrica 40 y el Barrica 80 en mi paladar, sin haber limpiado mucho. No obstante, la cata fue dirigida magistralmente por Aleja Sanvicente, gerente de la marca, y debo confesar que disfruté lo que probé. Ahora que estoy montando esta reseña me impresiona que no tengo la de Barrica 40, así que habrá que solucionar eso.

Pero el hecho es que hubiese sido muy irresponsable de mi parte montar una reseña del Barrica 120 en base a esa prueba. Así que en una reunión reciente con mi amigo de Rones de Venezuela, le pedí una muestra de este ron a fin de hacer una cata lo más objetiva posible.

Siguiendo su tendencia a colocar meses y no años de añejado en sus etiquetas, el blend contenido en la botella de Barrica 120 Don Sulbarán tiene hasta 120 meses, o 10 años de añejamiento. Es fabricado por Central de Licores Unidos de Venezuela C.A., mejor conocido como Celiveca y su maestro ronero es Carlos Perez.

Don Sulbarán es más que un nombre para la marca o, al preguntar en la cata si el nombre se refería a una persona específica, la respuesta fue que sí, Don Sulbarán existe, pero el nombre más que representar a la persona busca rendir tributo a la personalidad de Don Sulbarán, que no se deja vencer fácilmente y siempre está luchando por mejorar. No es Don Sulbarán, sino algo como que rendir tributo al Don Sulbarán que todos llevamos dentro y que inspira e identifica a los trabajadores de la marca y los productores de ron en Venezuela.

La botella viene en una estructura de madera que sirve de exhibidor y de herramienta para servirlo, y realmente es un diferenciador grande con respecto al resto de lo disponible en el mercado. No hay mucha información sobre qué compone el blend, pero por un precio que ronda los $40, es un toque más caro que otros en su misma franja de añejado. El líquido se encuentra embotellado a 40% de alcohol.

En copa es de un color amarillo brillante, con destellos cobrizos o ligeramente más oscuros que el líquido en general. Las lágrimas bien aglomeradas y de bajada lenta inspiran bastante confianza en el líquido.

En nariz es sumamente distinto a la mayoría de las expresiones de rones que rondan los 10 años de envejecimiento. Un aroma común en estos rones es la madera, precisamente por haber pasado hasta una década en contacto con ella, pero el Barrica 120 es sumamente perfumado en nariz, destacando aromas a uchuva y notas algo más herbáceas como el eucalipto y la menta, pero también un aroma a uva sintética, o lo que vendría siendo un chicle de uva. Finalmente, las notas de madera tostada cierran las sensaciones y le da un toque muy completo al ron.

En boca es menos franco de lo que pensaría, pero siendo tan perfumado hubiese sido irreal traducir todos esos aromas al paladar. No obstante, hay una nota dulce de coco entre los sabores principales, que junto a los sabores de vainilla y caramelo me terminan recordando al cocosete, una golosina que tenemos en Venezuela. Ese sabor de caramelo es fuerte y llega a ser invasivo a veces, especialmente al buscarle sabores en el retrogusto, pero afortunadamente no llega a aturdir. Hay también una nota suave a licor de avellanas, muy en el mismo sentido del Barrica 80 y que me lleva a pensar que en este blend hay algo de lo que participa en ese ron también. El retrogusto es de caramelo intenso con algo de coco.

Recuerdo cuando este ron acababa de salir, que varios amigos míos lo probaron y las opiniones eran muy polarizadas. Había el que le gustaba, pero no lo compraría. También estaba el que lo compró pero no le gustó. En lo personal, es un ron que compraría, pero en su rango de precios hay otros rones que me gustan mucho, así que la decisión no sería fácil.

Ficha Técnica:
Fabricante: Central de Licores Unidos de Venezuela C.A.
Nombre del Ron: 120 Don Sulbarán
Marca: Barrica
Origen: Venezuela
Materia prima: Melaza
Edad: hasta 10 años
Precio: $40
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 88

Black Star Line – Lalibela (Lancero)

Hace casi un año que probé el Lalibela por primera vez, aunque en ese momento fue en vitola toro y esta vez me sirvió para recordar mis Lunes de Lancero que eran casi fijos. También pasó que en esa reseña original una de mis críticas fue la anilla del cigarro, que era difícil de leer y de entender, y desde entonces la han cambiado a algo más sencillo, con menos variaciones y mucho más minimalista, que me gusta mucho. Estoy seguro que no fue por mi comentario, pero no me cabe duda que hay más personas que lo habrán mencionado. No obstante, el lancero simplemente no tiene anilla y no sé si es porque el cigarro llegó en esa transición o que simplemente los lanceros de Black Star Line no la llevan. Lalibela es la apuesta de la marca a un cigarro maduro, pero no se quedan con los sabores característicos, sino que es una propuesta de fortaleza alta y con medidas de 7,5 pulgadas de largo por un cepo de 40 en el lancero, fabricado por El Titan de Bronze, es una propuesta bien atrevida. Su capa San Andrés mexicana realmente me invita a probar el cigarro en esta vitola.

En verdad se ve imponente y normalmente con un cigarro de cepo tan pequeño, es difícil que se vea como una propuesta agresiva, pero su peso realmente sorprende. La capa es relativamente lisa para ser mexicana, con colores muy similares de un extremo a otro y aromas muy típicos de San Andrés, como la tierra mojada, notas de pasas y un toque suave cítrico. La calada en frío no tiene nota alguna de pimienta y el hecho que el capote y la tripa de Lalibela es nicaragüense me invita más a fumarlo porque sería otro cigarro más de Nicaragua que no tiene notas tan picantes como a las que estoy acostumbrado. Lo que sí se aprecia en la calada en frío es establo, chocolate y una cierta nota salada mineral, con lo que parece que será un buen tiro.

El Lalibela lancero comienza intenso de sabor, pero también sencillo, con una nota de chocolate que domina la fumada. A menos que le dé retrogusto, es solamente chocolate lo que se siente, pero en la nariz es pimienta y no muy fuerte, afortunadamente. Mientras sigo disfrutando de este primer tercio, los sabores del cigarro son intensamente característicos de los que típicos de la capa San Andrés, destacando notas suaves de cáscara cítrica, pimienta y un toque más suave de tierra mojada, pero una gran intensidad de chocolate con distintos matices de sí mismo, como nibs de cacao, chocolate negro, con leche y demás. Efectivamente, una intensidad alta y una fortaleza media-alta, con una buena quemada, anillo de combustión muy recto e incluso quiere mantener una buena ceniza, pero el instinto de conservación de mi ropa me impide mantener algo muy grande.

Para el segundo tercio los sabores se suavizan un poco pero no necesariamente en su intensidad sino más bien con respecto a la naturaleza de estos sabores. Es decir, el chocolate sigue siendo uno de los principales pero ya no hay tantos matices de él, sino más como un solo sabor a chocolate con leche y más dulce, pero también aparecieron notas especiadas como de canela, junto con almendras, mientras que el retrogusto sigue siendo donde se aprecia la pimienta, y en este tercio le acompaña la canela también. Por lo que el retrogusto es muy especiado, mientras que en el paladar es más hacia sabores dulces. La construcción sigue siendo increíble, con una ceniza que tiende a mantenerse, anillo de combustión muy recto y un tiro magistral.

No hay grandes transiciones en el último tercio, aunque sí sufre de lo que muchos cigarros sufren en temas de construcción y con un cepo de estas dimensiones es casi que esperado o al menos no sorprende del todo. Sucede que el tiro se hace un poco apretado por lo delgado del cigarro y porque inevitablemente se moja con la saliva de cada calada. No llego a darle un corte sino que con presión de los labios logro ajustar el tiro para que el humo fluya mejor. Definitivamente es algo mucho más fácil de hacer que de explicar, pero los sabores siguen sorprendiendo, no porque haya nuevos como mencioné hace un momento, sino porque se mantienen. Sí hay una nota ligeramente frutal, pero no mucho más que destacar ni cuál fruta exactamente es. Pero también pasa que la fortaleza aumenta considerablemente en forma de nicotina que me hace espaciar cada calada porque realmente se siente concentrada. Luego de una hora y 20 minutos, este Lalibela lancero llegó a su fin.

El otro día estaba viendo un documental sobre tabaco llamado Hand Rolled, muy bueno y muy recomendado si lo puedes ver. En él, Pete Johnson (de Tatuaje Cigars) menciona que los blends son prácticamente infinitos y que es casi imposible replicar un blend. Es posible hacer algo similar, pero la naturaleza «manual» del tabaco y el tema que todo se juzga por el gusto es lo que hace que sea imposible de imitar de un cigarro al otro. En muchos casos es común pensar en el sabor típico del tabaco de México, de Cuba o de Nicaragua y es lo que la mayoría de los productores que utilizan esas hojas tienden a hacer. El Lalibela, especialmente en su vitola lancero, realmente destaca los sabores típicos de la capa San Andrés, muy sabrosos y con una alta intensidad de sabores. Además, con una construcción increíble y una experiencia que, aunque relativamente corta, no deja de ser increíble. Impresiona lo distinta que puede ser una liga de una vitola a otra en cuanto a sabores.

Ficha Técnica:
Fabricante: Fabrica Oveja Negra
Marca: Black Star Line
Modelo: Lalibela
Dimensiones: 7½ x 40
Tamaño: Lancero
Origen: Nicaragua
Capa: México (San Andrés)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $8,00
Puntuación: 91