Cocuy: Magno Oro

Hoy me atrevo con mi primera reseña de Cocuy. Aunque de entrada les puedo decir que no es un cocuy puro. Según el texto en la parte trasera de la botella, se trata de un producto doblemente destilado en pequeños lotes, reposando durante ocho meses en barricas de roble blanco, lo que le proporciona parte de su color dorado. Es un destilado mixto elaborado con azúcares de agave cocui de la Finca La Esperanza ubicada al sur de la histórica ciudad de Coro (estado Falcón) en Venezuela.

La mezcla de este cocuy es 70/30, aunque no me indica con qué está mezclado, pero es lo que técnicamente llamaríamos Cocuy Abocado, al ser mezclado con mostos calientes de frutas u otros saborizantes naturales.

En realidad tengo otras botellas de Cocuy en casa y debería haber reseñado esas otras que las tengo desde hace algún tiempo y algunas llegaron como obsequio, pero este Magno Oro es el único que no tengo y como un amigo lo trajo para probarlo hace unos días, decidí adelantarme en ello. También porque hay algo que me hace pensar que este licor ya no existe, pues según la página web de Magno Cocuy, tienen 4 productos: Magno Silver, Magno Cristalino, Magno Gold y Magno French Oak. Aunque Gold es Oro en inglés, el producto actual está marcado como 100% azúcares de agave, por lo que el que tengo no parece ser un producto actual. No obstante, mayor razón para reseñarlo.

La botella es igual a la otra botella de Magno Original que tengo en casa, que según la página web ahora se llama Cristalino, pero que cuando me toque reseñarlo le daré mayor detalle. Igualmente tiene la misma capacidad y está embotellado a 40° de alcohol. Cabe destacar que cada botella es una pieza única de vidrio soplado, lo cual es bastante artesanal pero también hace que cada producto sea ligeramente diferente.

En copa se trata de un líquido amarillento con destellos de amarillo claro, como color de paja. Tiene una densidad media baja, tomando un tiempo extendido para detenerse luego de girarlo dentro de la copa y lágrimas que descienden con una rapidez marcada y muy aglutinadas entre ellas por el interior de la copa.

En nariz los aromas son variados y es aquí donde esa mezcla realmente se destaca, pues la nota dominante es de jugo de manzana, como el Mott’s que siempre llega de contrabando en Venezuela, pero también con notas cítricas a limón. No obstante, también hay notas originarias que incluyen una sensación destacada de la madera, con algo que me recuerda al aserrín, notas perfumadas y florales y, finalmente, una sensación no del todo agradable como a goma, como las de los lápices Mongol.

Su intensidad alcohólica en boca es media-baja, lo cual es algo diferente a una gran cantidad de cocuy que he probado últimamente. Simplemente no es nada agresivo y puedo probarlo un par de veces más sin mayor problema, destacando al igual que en nariz notas de jugo de manzana muy destacadas, como manzana verde. También se siente un sabor a pulpa de limón amarillo y sabores herbáceos que me recuerdan al cilantro. Hay toques ligeramente amargos en el fondo y el final del sabor incluye también notas saladas. En retrogusto se siente esa misma esencia herbal, pero en este caso me recuerda a la grama recién cortada.

En general, es una aproximación interesante al cocuy de calidad y si no has probado cocuy antes, quizá esta sea la mejor recomendación para una introducción a este destilado, pues probando uno como este te permitirá apreciar mejor las notas del cocuy puro más adelante. Habiendo probado ya el cocuy puro, este me pareció que sin duda «le falta», pero también lo sentí muy fresco y un estilo que de verdad añora colocarle hielo y quizá algo de soda y no mucho más.

Ficha Técnica:
Fabricante: Destilería JADeLuR
Nombre del Cocuy: Oro
Marca: Magno
Origen: Venezuela
Edad: 8 meses
Precio: N/D
Densidad alcohólica: 40%
Puntuación: 80

CAO – Flathead Steel Horse (Gordo)

En 2013 CAO lanzó un cigarro diferente, inspirado en la mecánica automotriz y en los motores gigantes americanos. Esta línea se llamaría Flathead, por el motor que Ford y Harley Davidson hicieron famoso, aunque sus cajas siempre llevaron la versión del automóvil en sus motivos. Para 2015 quisieron llevar el concepto un paso más allá, haciendo cigarros con la cabeza plana, precisamente como su nombre en inglés lo indica, y lo llamaron el Flathead Steel Horse, el cual llevaría una liga casi completamente distinta al Flathead original e imágenes más relacionadas a las motos que a los carros. Este cigarro estaría disponible en solamente dos vitolas, una llamada Bullneck con dimensiones de 6,5 x 66 y otro llamado Apehanger, que es el que probé como parte del paquete de abril de Rumbullion Club.

El cigarro se llama Flathead, que quiere decir cabeza plana, y en el V660 o el V554 esto no era tan aparente, pues tenía una ligera curvatura, pero en este es perfectamente plana, lo que le da más carácter al cigarro aunque también dificulta un poco saber a ciencia cierta cuál es la mejor manera de cortarlo. Un amigo me dijo que se le desarmó el cigarro cuando lo pico con la doble hojilla y por alguna razón me parece que con la guillotina en V voy a tener una experiencia similar. Pienso que con el punch me va a ir mejor, pero el que tenía lo perdí hace como un mes. No está perdido, sino en casa de un amigo, pero el hecho es que no lo tengo conmigo. El cigarro se siente rígido y más duro de lo que debería, pero la capa es lisa y bastante brillante, con aromas a chocolate, establo, madera y pasas. Consigo la mejor opción de corte cuando se me ocurre algo poco ortodoxo que uso en casos de emergencia: le meto un clavo y hago dos o tres orificios en la cabeza y la calada funciona a la perfección, presentando aromas de café, madera, chocolate y pasas.

El cigarro enciende bastante uniforme, aunque me toma unas cuantas pruebas frente a un espejo (estoy que no me aguanto) para encenderlo bien y una vez encendido se mantiene bastante bien. El tiro es ligeramente apretado en caliente, así que le hago un par de orificios más y me prometo conseguir un nuevo punch o recuperar el que tengo. Los sabores desde el principio son densos y ricos, incluyendo tierra mojada, madera, cuero, trigo, anís y chocolate, con un toque de vainilla y pimienta en el retrogusto, pero estos son bastante suaves. El humo es abundante, denso y casi que no se mueve, y en las primeras caladas me doy cuenta que me gusta bastante este tamaño de cigarro. Si bien un 6×60 es demasiado para mí, un 5,5×58 es el límite, aunque creo que 5×56 es lo que más me gusta para pasar un rato, no necesariamente para cata; pero esta es la vitola más pequeña en la que está disponible este cigarro, así que las opciones son pocas. Hacia el final del primer tercio se siente bastante cremoso y la intensidad se siente media, pero en ascenso.

En el segundo tercio hay un cambio repentino en forma de complejidad, en el hecho que esta desaparece y el cigarro se siente un poco más lineal, pero no por ello la intensidad se reduce; es como si uno sustituye al otro. Es como si los sabores se amalgaman en este segmento y son más difíciles de diferenciar, al tiempo que aparecen notas herbáceas en el retrogusto y el cigarro se siente más dulce y menos picante. En términos técnicos el Flathead Apehanger se comporta de maravilla, con una ceniza sólida y blanca que se rehúsa a desprenderse, pero que eventualmente cae al suelo (y lejos de mí). Más o menos a la mitad del cigarro los sabores despegan nuevamente y la complejidad se vuelve como la del primer tercio, aunque la fortaleza sigue el mismo camino que lleva y la experiencia se vuelve bastante intensa.

En el último tercio (aunque la imagen corresponde más a la mitad del cigarro, pero no quería dejar de destacar la anilla y la quemada) el Flathead Apehanger comienza a quemar un poco disparejo, aunque esto se corrige rápidamente con unos retoques en lugares específicos y no parece afectar el sabor, mientras que los sabores se sienten más cremosos, de madera y chocolate, con notas más suaves de tierra seca, cuero, nueces y paja. En el retrogusto siguen presentes las notas de pimienta y vainilla, pero considerablemente más fuertes que antes. La intensidad se coloca en media alta y el cigarro termina durando una hora y 50 minutos, que es un poco más de lo que esperaba, aunque esto puede haber sido gracias a ese corte que le di.

El cigarro es parte del paquete mensual de Rumbullion Club para abril de 2021, una pequeña página de venta de cigarros a la que tengo la suerte de asesorar y son los primeros que ofrecen esta posibilidad de paquete mensual. Por otro lado, pensando un poco sobre el cigarro, esta no es la primera vez que me encuentro con una cabeza plana, pues el RomaCraft Neanderthal también la tiene, aunque no lo menciona en su nombre. Precisamente en cuanto a su nombre, todo tiene que ver con motos: Steel Horse (caballo de acero) es un término de jerga para motos, mientras que Apehanger son los manubrios esos que tienen las motos americanas en donde las personas van casi colgadas de ellos. Aunque tiene varios sabores y una complejidad aparente, el Flathead Apehanger no es un cigarro que caracterizaría como complejo, sino más bien interesante y más divertido que otra cosa, pero esa es la manera que he definido la mayoría de los CAO que he fumado, y aunque es una marca que nunca me ha dejado mal, sí hay algunos cigarros de ellos que no me han gustado tanto. Pero este Flathead Apehanger para mí es uno de esos que seguiré comprando, pues al igual que el Flathead original, se trata de una fumada larga, sabrosa y a un excelente costo. Cabe destacar que gracias a lo que me ha gustado el Flathead tradicional, con este me compré un 5-pack sin haberlo probado, pero después de hacerlo creo que voy a comprar otro.

Ficha Técnica:
Fabricante: General Cigars
Marca: CAO
Modelo: Flathead Steelhorse
Dimensiones: 5½ x 58
Tamaño: Gordo
Origen: Nicaragua
Capa: USA (Connecticut Habano grueso)
Capote: Brasil (Arapiraca)
Tripa: República Dominicana, Honduras, Nicaragua
Precio: $9,00
Puntuación: 89

Espinosa – Habano (No. 4)

El Espinosa Habano fue originalmente lanzado en 2012 como parte de su lanzamiento de marca y como uno de los primeros productos de la fábrica La Zona de Nicaragua. Tres años después la liga del cigarro fue ligeramente rediseñada y en su versión No. 4 que es un poco más largo que un robusto se situó en el Top 25 de Cigar Aficionado para el año 2019. Un amigo mío llamado Roberto (@vwforever en Instagram) me lo obsequió hace un par de meses y semanalmente me recuerda que lo tengo y que espera que le devele mi experiencia con él, así que tuve que colocarlo entre los de fumada próxima y «colearlo» entre los primeros, porque si no, no para. El Habano tiene tripa y capote de Nicaragua bajo una capa Habano ecuatoriana y está disponible en cuatro vitolas, de las cuales dos son de cepos «pequeños» (50 y 52) a fin de destacar lo más posible esa capa.

Aunque la anilla es bastante ornamentada y la tela dorada sobre el pie le da una relevancia al color dorado, el cigarro se siente bastante sobrio, elegante y sin exageraciones de color, con algunas venas sobre la capa y una sensación ligera del cigarro. En esa capa se sienten notas de madera y tierra, mientras que en el pie se sienten notas más fuertes de tierra, chocolate en polvo y algo de picante. La calada en frío presenta chocolate oscuro y pasas, aunque siento que el tiro es bastante suelto, o al menos más suelto de lo que a mí me gusta.

El Habano comienza con ese tiro suelto que me llena la boca de humo rápidamente y ciertamente estallan esos sabores de pimienta típicos del tabaco nicaragüense desde la primera calada. Afortunadamente al cabo de las primeras caladas la pimienta se reduce un poco y permite la aparición de otros sabores como madera y tierra, manteniéndose fiel a los aromas en frío. Pero también se sienten notas cítricas que no estaban presentes cuando el cigarro estaba apagado y aunque la nota es secundaria, ciertamente se destaca bastante en el retrogusto, donde es acompañada por notas de cedro y, por supuesto, pimienta. El anillo de combustión es un poco preocupante, pero nada que un ligero retoque no pueda corregir. La intensidad es media.

El segundo tercio se caracteriza por un protagonismo de notas dulces, seguidas de notas más sutiles que las del tercio previo a tierra y madera. La pimienta también es más sutil en este tercio y casi ha desaparecido en el retrogusto, sustituida por cedro y nueces. Se mantiene esa nota cítrica en el retrogusto, aunque no es constante y cuando llego a la mitad del cigarro parece desaparecer por completo. La intensidad de la fumada sigue siendo media, pero en el tercio anterior parecía ir en ascenso, mientras que para este tercio se siente mucho más contenida y está fija en ese punto. El retoque que le hice al anillo de combustión parece haber surtido efecto, pues se mantiene bastante recto ahora, aunque la ceniza no se aguanta nada.

Las notas cítricas regresan en el último tercio, manteniendo su posición secundaria, pero acompañada por tierra y madera, aunque en verdad no sé si es que los tres sabores son primarios, pero ninguno supera a otro al tiempo que ninguno es intenso tampoco, por lo que los coloco a los tres de segundo plano. Una causa de esto también puede ser que la pimienta regresa con la intensidad del primer tercio y, hasta cierto punto, opaca el resto de la experiencia. Pero afortunadamente todos estos sabores se sienten presentes hasta la última calada, que llega una hora y 25 minutos después de haberlo encendido, con su tiro igualmente suelto pero que solo significó que me midiera un poco con las caladas. El anillo de combustión se mantuvo bien por lo que podría pensar que ese retoque que necesitó fue a causa de una mala encendida, aunque cuando lo hice se veía muy parejo.

El Habano de Espinosa ciertamente es una grata experiencia, con buenas transiciones y distintas intensidades de sus sabores; no es un cigarro que a mí parecer debería estar entre los 25 mejores del año, pero Cigar Aficionado es bastante particular con sus votaciones y tengo entendido que evalúan siempre cigarros nuevos, en el sentido que posiblemente el Espinosa Habano ya existiera, pero no en esta vitola y es lo que están evaluando. Aunque a veces colocan cigarros que tienen 10 años en el mercado, así que tampoco puedo asegurar nada. Por su precio el Habano es un cigarro que fácilmente puede formar parte de tu humidor y con gusto lo recomendaría ampliamente.

Ficha Técnica:
Fabricante: La Zona
Marca: Espinosa
Modelo: Habano
Dimensiones: 5½ x 52
Tamaño: No. 4 (Robusto Extra)
Origen: Nicaragua
Capa: Ecuador (Habano)
Capote: Nicaragua
Tripa: Nicaragua
Precio: $6,50
Puntuación: 87

Trinidad – Fundadores

Hace unos dos o tres años tuve la oportunidad de ser invitado por Puro Habanos Venezuela a un evento en donde sus cigarros tomaron parte central, junto con un evento de catering y demás actividades. A partir de ese momento comencé a crear una buena amistad con Hector de PuroHabanos y con uno de sus amigos, siendo este último quien me regaló un Fundadores de 2005 que me dejó cautivado. Sin embargo, este amigo (de Hector) vive en España y no lo veo muy a menudo, pero con Hector hablo de manera más regular y cada tanto nos vemos e intercambiamos cigarros. Él muy fiel a sus habanos y yo a centroamericanos, pero realmente intercambiamos eso mismo a fin de que cada uno aprenda un poco más. Dado que siempre hablamos de ese Fundadores de 2005, en nuestra última reunión me obsequió este que tiene desde 2014.

Curiosamente, la marca Trinidad es una de las más nuevas dentro de Cuba, estando comercialmente disponible desde 1998 y para el Fundadores decidieron hacer un cepo ligeramente mayor al de los lanceros tradicionales, llevándolo a 40 en vez de 38, mientras que el largo sigue siendo el mismo de los lanceros tradicionales, en algo más de 7 pulgadas y media. Un tema que me llamó la atención es que este cigarro tiene muchísimos detalles de capa y varios conocidos que son expertos en habanos (o al menos tratan de serlo) se vieron sospechosos con este cigarro debido a esos detalles, pero como la persona que me lo dio nunca me ha dado un habano falso, decidí investigar un poco y descubrí que casualmente la mayoría de los habanos producidos entre 2014 y 2015 tienden a tener una gran cantidad de detalles en las capas, en gran parte por un déficit de materia prima en la isla durante esa época. En frío se sienten aromas a madera intensa en la capa y en el pie, mientras que la calada en frío, que siento bastante apretada, presenta notas de madera, vainilla y canela.

La gran mayoría de mis dudas desaparece durante el primer tercio del cigarro, en donde el cigarro quema bastante bien aunque el tiro apretado en cierto modo asegura que el cigarro va a durar más de lo que creía antes de encenderlo pero también la quemada va a ser lenta. En lo particular tampoco estoy apurado, así que ningún problema con eso, y esas primeras caladas comienzan con sabores de galletas, crema y notas herbáceas hacia el final, con un retrogusto de madera cremosa. En muchas ocasiones utilizo el apoyo de un filtro suave de HDR en mis imágenes, y este ayuda a destacar varios detalles del cigarro y especialmente de la capa, por lo que las imperfecciones de esta pueden ser más aparentes, pero en términos de sabores e intensidad, realmente no tengo duda alguna.

Para el segundo tercio no hay una transición destacada de sabores, manteniendo los mismos del primer tercio con el único posible cambio de una mayor complejidad en el retrogusto, en donde aparecen más notas de galletas y de pimienta, pero en general el cigarro mantiene sus mismos sabores, mientras que el anillo de combustión es generalmente recto y la ceniza tiende a aguantarse más tiempo del que pensaría en un cigarro de estas dimensiones. El tiro no mejora, lo que me lleva a hacerle un segundo corte con el fin de garantizar que no sea un tema de corte, lo cual realmente no mejora la fumada sino que me obliga a fumar igual de lento.

En el último tercio los sabores son los mismos, pero la intensidad de galletas y pimienta esta vez llega hasta el paladar, presentando además notas de especias dulces como nuez moscada, canela y vainilla, pero con el mismo tiro apretado, cosa que no cambió durante toda la fumada, sino que mantuvo sus sabores ricos y el humo medianamente abundante, aunque el tiro no hubiese cambiado, casi como si ese era el tiro que debía tener. Quedando unos centímetros de fumada, más o menos hasta la anilla, el cigarro se apagó y luego de dos intentos por reencenderlo, lo dejé, luego de una hora y 45 minutos de fumada.

Ciertamente este Trinidad Fundadores me hizo dudar varias veces sobre su originalidad, pero el hecho que Hector (quien me lo regaló, por si no lo leíste antes) nunca me ha dado un habano falso, y que sus imperfecciones coinciden con el período en que Cuba produjo cigarros con estos detalles, me eliminan las dudas sobre si es falso o no. Igualmente, las primeras caladas eliminan la duda así como el resto de la fumada. Podría parecer superficial y falto de detalles en la reseña, pero este cigarro fue falto de variedad en descriptores aunque con una inmensa riqueza de esos sabores mencionados, por lo que sin duda es uno de los mejores habanos que he fumado, aunque un tiro mejor me gustaría para una próxima oportunidad y realmente me hubiese encantado reseñar ese de 2005 que probé.

Ficha Técnica:
Fabricante: N/D
Marca: Trinidad
Modelo: Fundadores
Dimensiones: 7½ x 40
Tamaño: Laguito Especial (Lonsdale)
Origen: Cuba
Capa: Cuba
Capote: Cuba
Tripa: Cuba
Precio: $19,00
Puntuación: 92

Jake Wyatt – Lithium (Toro)

Aunque su nombre pueda recordar más al medicamento utilizado para tratar temas psiquiátricos, este cigarro de la marca Jake Wyatt, una que nunca había oído hasta que Cigar Hustler lo incluyó en su paquete mensual correspondiente a diciembre de 2020, es el más reciente lanzamiento. El cigarro tiene una capa Habano ecuatoriana con tripa y capote de República Dominicana, que promete una fumada de intensidad media y solamente está disponible, al menos para la fecha en que llegó, en toro 6 x 50. El cigarro es fabricado en Tabacalera JVM en República Dominicana.

El cigarro tiene un ligero rabo de cochino (o moño de señora, como también lo llaman) en la perilla, que se ve muy bien hecho, aunque el resto de la capa se nota bastante imperfecta, con protuberancias y una impresión corrugada y algunas venas bastante grandes, pero nada que me haga pensar mal de él. Los aromas que desprende son bastante genéricos, incluyendo madera vieja y nueces, mientras que la calada en frío presenta nueces y madera, muy parecidos a los de la capa, aunque el tiro no se siente tan bien como esperaría de una marca que está creando un nuevo cigarro, aunque no está bien juzgar en este momento.

Una vez encendido el Lithium presenta los mismos problemas de tiro que mostraba en frío, y aunque el pie es cubierto por la capa, una vez que esta es quemada, el tiro no mejora. Los aromas son interesantes, perfumados pero también incluyen notas de pimienta, tierra y leña. A lo largo del primer tercio también se sienten nueces pero el problema del tiro parece estar afectando la quemada y en este tercio se me apagó un par de veces. Afortunadamente logré encenderlo de nuevo, pero la velocidad de quemada no es uniforme, lo que hace que el anillo de combustión sea todo menos un anillo y la ceniza se vea realmente sospechosa. En el retrogusto se sienten notas de pimienta, madera y un toque cremoso, mientras que la intensidad se mantiene como promete en media.

Esa nota de crema del retrogusto aparece en el paladar para el segundo tercio, donde el tiro también mejora un poco y aparecen sabores adicionales de cereal, notas dulces y tierra, pero no se siente refinado y parecen notas más relacionadas con fermentación que maduración, pero son sabores poco característicos de la capa Habano. Cuando llego a la mitad del cigarro se vuelve a apagar y me toma varios intentos encenderlo nuevamente, lo cual afecta tanto los sabores como la quemada. Normalmente trato que el cigarro salga mejor para la foto, pero en el lado contrario del cigarro (el que está hacia mi mano) el anillo de combustión estaba casi a la mitad del cigarro. La intensidad se mantiene en media, pero no estoy disfrutando del cigarro.

La ceniza se «florea» en el último tercio y, honestamente, para el momento que finalmente llego a quitarle la anilla, el cigarro es infumable, en parte porque continúa su tendencia a apagarse, pero también porque el tiro se va apretando constantemente, lo que me lleva a tener que darle caladas continuas solamente para mantenerlo encendido, pero no para percibir sabores, o al menos no me da ninguno. Precisamente, a los dos minutos de quitarle la anilla termino tirándolo porque ya la molestia supera al sabor, momento para el cual había transcurrido una hora y 10 minutos.

El Lithium tiene algunas cosas buenas, aunque la mayoría de ellas las descubrí en el primer tercio y a partir de ahí fue una agonía fumarlo y difícil disfrutarlo. La combustión y la construcción fueron sus principales problemas, pero me gustaría pensar que si estuviese bien construido hubiese disfrutado más la fumada. Pero en las inmortales palabras del maestro Cándido Rosario, si un cigarro no quema bien, puede tener los mejores sabores del mundo pero no va a ser un buen cigarro y en ese renglón cabe perfectamente este Lithium.

Ficha Técnica:
Fabricante: Tabacalera JVM
Marca: Jake Wyatt
Modelo: Lithium
Dimensiones: 6 x 50
Tamaño: Toro
Origen: República Dominicana
Capa: Ecuador (Habano)
Capote: República Dominicana
Tripa: República Dominicana
Precio: $11,00
Puntuación: 74

Aquí se habla Cocuy

El cocui, planta prodigiosa de la que se produce un finísimo licor y de la que además se extrae la fibra “dispopo”, para elaborar distintos tipos de tejidos, entre ellos hamacas, calzados, bolsos, sogas, etc., fue descubierta por los aborígenes venezolanos. En su proceso de convivencia con su ecosistema aprendieron a utilizar el cocui, también llamado “cocuiza” o “maguey” ´por los distintos cronistas y viajeros que se deleitaron con la riqueza de las opciones que la planta ofrecía.

Se calcula que la relación del hombre con el cocui comenzó en Mesoamérica hace unos 9.000 o 10.000 años, con el asentamiento del inicio de la agricultura. Diversos autores estiman que, junto con las caraotas (frijoles negros) y el maíz, el cocui fue seguramente una de las primeras especies culturales en la región de Centroamérica.

El cocui triturado era utilizado como bebida espirituosa y estupefaciente por los chamanes de muchas tribus, con el fin de “transportarse” a zonas no accesibles al entendimiento del hombre común.

El Cocui o “árbol de las maravillas”, así llamado por Joseph de Acosta en 1590, es una especie vegetal con alto poder de tolerancia al estrés ambiental de las zonas áridas. Casualmente, el cocui nace solamente en forma silvestre y no se siembra; las plantas son robustas, con raíces fibrosas y ramificadas, que se insertan en un tallo muy corto del cual nacen hojas carnosas y lanceoladas, de 60 a 90 centímetros de largo y 20 a 25 centímetros de ancho, dispuestas en forma de roseta. Tardan hasta ocho años en crecer y florecen una sola vez durante toda su vida. La flor se levanta desde el centro y alcanza hasta 6 metros de altura. Se le llama “maguey” y es de ahí de donde se extrae la fibra del dispopo, del cual se hacen tejidos diversos.

El licor del cocuy

A fin de evitar confusiones y dado que tanto la planta como el destilado tienen el mismo nombre, a la planta se le llama Cocui, mientras que al destilado se le llama Cocuy.

Desde mucho antes que se destilara el cocuy ya la planta era utilizada por los indígenas como acompañante de sus comidas o comida principal, en una especie bastante extraña por nuestros tiempos, en donde se cortaban las hojas del cocui, estas se dejaban cocer y estofar y luego eran simplemente consumidas.

La elaboración de alcoholes destilados para el consumo humano se remonta a la fecha de la creación de la Capitanía General de Venezuela (1777). Para fines del siglo 17 y comienzos del 18 los españoles introdujeron el alambique, pues hasta el momento los procesos de elaboración de la bebida consistían en machacar las hojas entre dos piedras para elaborar una especie de chicha, que se dejaba macerar y luego fermentar durante unos días. El aporte español perfeccionó la técnica de extracción del espíritu del cocuy.

En la actualidad el proceso es mucho más arduo y complejo. Comienza con la selección de las plantas de agave silvestre que han tardado alrededor de ocho años en llegar a su plena maduración, aunque la ley permite de 7 a 10 años. Una vez desenterrada la planta, se cortan sus hojas o “pencas” para dejar la parte central, llamada “piña” al descubierto. Las piñas se colocan en un horno cavado en el suelo, de dimensiones de un metro de profundidad por 2,5 metros de diámetro. Dentro de este se introducen pedazos de madera (generalmente de cují), que luego de ser encendidos y convertidos en brasas, son cubiertos con rocas calizas que refractan el calor y al mismo tiempo evitan que los tizones toquen las piñas.

Seguidamente, las piñas son amontonadas sobre las rocas en forma de pirámide, llegando a alcanzar hasta los dos metros de altura. Las pencas de la planta, que se han cortado previamente, sirven ahora para cubrir la pirámide. Luego se cubre todo con arena y en un lapso que varía de 3 a 8 días después se desentierran las piñas y se procede a trasladarlas, a lomo de burro, hasta las inmediaciones del alambique o serpentín. Las piñas horneadas se pican en trozos, luego se lavan y se trituran con un mazo de madera para lograr su maceración. Cada lote macerado es lavado de nuevo, almacenado en sacos de fique para proceder al prensado de las piñas y de esta manera obtener el jugo, denominado “vinaza”. Este jugo se deja fermentar durante tres a cinco días en “pipas” o tambores. El producto fermentado, llamado “mosto” y de unos 5 grados alcohólicos, será llevado al alambique para su posterior destilación. La fracción que sale durante los primeros 5 minutos de destilación, llamada pringote, se desecha, ya que posee un alto contenido de metanol.

Es fácil adivinar que el cocuy realmente puro termina siendo muy costoso. De allí que en algunas partes se le haga “rendir” agregando melaza o papelón, o incluso agua. Los estudios recientes señalan que, en la actualidad, de la producción total semanal del licor a base de cocuy, el 60% aproximadamente es una mezcla de cocuy con papelón o azúcar, un 36% combina agua y melaza (y se hace mal llamar cocuy) y un mínimo 4% es cuanto sale de cocuy puro.

El cocuy en Venezuela

En Venezuela el Cocuy se define como una bebida alcohólica autóctona obtenida por destilación y rectificación artesanal de mostos preparados directa y originalmente, con los azúcares extraídos de las cabezas maduras (cormo central) de Agave cocui Trelease, previamente hidrolizadas o cocidas y sometida a fermentación alcohólica con levaduras; y cuyo contenido alcohólico no podrá ser menor a 40ºGL ni mayor a 50ºGL.

El cocuy es un líquido de olor y sabor suigeneris, ligeramente ahumado. Es incoloro o ligeramente amarillento cuando es reposado o añejado o cuando se aboca sin reposarlo o añejarlo.

Existen tres variedades de Cocuy:

  • Cocuy reposado: Es el Cocuy susceptible de ser suavizado, el cual se deja por lo menos 2 meses en recipientes de madera de caujaro o roble blanco, para su estabilización.
  • Cocuy abocado: Es el Cocuy susceptible de ser mezclado posteriormente con mostos calientes de frutas u otros saborizantes naturales.
  • Cocuy añejo o añejado: Es el Cocuy susceptible de ser suavizado, sujeto a un proceso de maduración de dos años como mínimo, en recipientes de madera de caujaro o roble blanco, cuya capacidad máxima sea de 200 litros.

La primera denominación de origen

La Denominación de Origen Controlada del cocuy pecayero, porque es creado en la comunidad falconiana de Pecaya, fue la primera de destilados creada en Venezuela en el año 2001; dos años antes de la creación de la DOC Ron de Venezuela y en realidad tres meses después de la creación de la denominación de origen del cacao de Chuao; son estas tres las únicas denominaciones de origen que existen en Venezuela. Según la denominación del cocuy, no se permitan mezclas, ni aditivos y se elabora estrictamente de acuerdo con lo establecido en su convenio, cuyo proceso se asemeja bastante al previamente indicado.

Estado Falcon en Venezuela

Pero no es solo en Pecaya donde se fabrica cocuy, sino también en el resto del estado Falcón, al igual que en los estados Lara, Yaracuy, Trujillo y Zulia, siempre como un proceso artesanal. Mucha gente que no conoce el destilado y lo prueba por primera vez suele decir que parece un tequila o un mezcal y no están muy lejos de la realidad. El tequila es destilado a partir del agave azul y el mezcal de otros tipos de agave; el cocui es un tipo de agave del que se destila este cocuy, pero es un agave autóctono y originario de Venezuela. Por eso decimos que el Cocuy es una bebida 100% auténtica y 100% nacional. Sin duda una bebida de la que podemos sentir orgullo.

Pronto pueden esperar reseñas de cocuy en este blog también.