Casa Trianon

En realidad la marca no es Domingo Lopez, pero él es quien representa a la compañía y quien los vende, aunque desde 2019 se llama Casa Trianón. Pero al momento de la reseña no tenía una marca registrada más allá de una razón social. El torcedor es un cubano llamado Jorge Pupo, y son fabricados en Caracas con materia prima de Güiria – Estado Sucre.

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Descubrí este gran tabaco en una fiesta donde estaban torciendo tabacos como parte del ofrecimiento a los invitados. Por un lado había una mesa con comida, por otro lado un mesonero que repartía bebidas espirituosas, y por el otro una mesa donde torcían y entregaban estos tabacos. De más está decir que estaban increíblemente frescos y su sabor era fuerte, pero muy aguantable. Por supuesto, el mismo ambiente de la fiesta no era el más propicio para apreciar todos los sabores y aromas, sobre todo porque al mismo tiempo que fumaba, tomaba y comía.

Sin embargo, la calidad del sabor (un poco adulterado por todo lo que lo acompañaba) me enamoró. El aroma y los tonos ligeros de café tostado y chocolate puro son muy obvios desde el principio. Su precio garantiza que puede ser un simple tabaco de a diario, pero de una calidad que da para ser un regalo o una recompensa de una dura semana (que usualmente lo es). El mismo Domingo los comercializa por mazos y los distribuye.

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Su producción es bastante modesta, al punto que cuando solicitas un mazo es cuando lo mandan a hacer y suelen tardar entre una y dos semanas en estar listos. En su entrega los puros todavía están húmedos, pesados y muy frescos, con un olor que está entre pasas y ciruelas, con un toque que me recordó al vino moscatel. No es un tabaco de abundante humo, pero es constante y rara vez se hace muy apretado; su capa externa da una impresión de maduro, pero su relleno es bastante sutil.

En mi caso suelo combinarlo con ron o con brandy, pero es un tabaco cuya consistencia bien aguanta mantenerlo ‘seco’ o simplemente no hacerle maridaje. Esa combinación últimamente se da porque mis ocasiones de fumar son mucho más escasas, y cuando lo hago quiero hacerlo con todo. Habiendo dicho eso, el sabor abundante, pero no es un tabaco que agobia, sino que permite apreciar todo, por lo que en las fotos notarán que casi todas fueron tomadas en el mismo momento.

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Para mí es casi un tabaco diario (o regular, calza mejor), perfecto para apreciar los mejores productos de Venezuela y la facilidad con la que algunas cosas se consiguen.

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Lejos de querer buscar la oportunidad comercial, me abstengo de publicar los datos de contacto para adquirir este tabaco, pero se los ofrezco a cualquiera que me contacte por mensaje privado. A la fecha de esta publicación, también ofrecen tabacos en tamaño torpedo.

Ficha Técnica:

Nombre Vitola: Robusto
Marca: Casa Trianon
Formato: Robusto
Longitud: 127 mm
Cepo: 50
Origen: Venezuela
Capa: Venezuela (Güiria)
Capote: Venezuela
Tripa: Venezuela (Güiria)
Puntuación: 78

Crispin Patiño – Capa Clara (distintas presentaciones)

Hablando un poco sobre la variedad Capa Clara de C&P y el hecho que actualmente existen 4 variedades de Crispin Patiño en términos de capa: Bermúdez, Capa Clara, Maduro y La Venezolana, y en ese mismo orden de barato a más premium.

Capa Clara ofrece distintas presentaciones, entre las que en esta publicación mencionaré las que he probado, puesto que he tenido la suerte de probar varios, entre los que destacan los Short Smoke y los Torpedos. El sabor e intensidad de casi todos es el mismo, salvo los más pequeños, cuyo gusto apenas puede ser mayor que el de un cigarrillo, pero me sirvieron bastante para aprender en mis inicios como fumador de tabacos y para descubrir nuevas notas de maridaje.

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En una de estas primeras ocasiones, adquirí un mazo de 25 Puritos y probé su combinación con rones, brandys, whiskies y hasta con cervezas. En la imagen, junto con ron Roble Viejo Ultra Añejo. Quizá esta fue la época antes que tomarle el gusto a la fotografía del tabaco y por eso tampoco hay imágenes de los Short Smoke o de los Belicosos. Sin embargo, cuando me comenzó a interesar más la fotografía que aportan los tonos marrones y grisáceos de la ceniza, como que me dediqué más.

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El Capa Clara en general, y el Torpedo en específico es un buen tabaco de diario. Buen humo, denso pero suave, con tonos de tabaco puro, un poco de tierra, vainilla, almendras y toffee. No es un tabaco que guarde grandes sorpresas y su llama se mantiene firme y regular durante toda la fumada. Su duración en mi caso fue un promedio de unos 75-90 minutos, dejándolo descansar ampliamente entre caladas.

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Su ceniza es firme y se acumula bastante, aunque mi pulso y mi paciencia rara vez me dejaron producir torres impresionantes. No es un tabaco que recomendaría a un sabio del puro, pero sí es un buen escalón en la pirámide de aprendizaje, sobre todo si lo adquieren en mazos, puesto que cada uno guarda distintas intensidades de los mismos sabores.

De los distintos maridajes, descubrí que la mejor combinación es con un café negro bien oscuro, también con rones de baja gama (menos de 8 años de añejamiento), e incluso con agua, para sentir solamente los sabores y aromas que parten del cigarro.

Siendo de Venezuela y llevando una tendencia de fumado casi diaria (3-5 tabacos semanales), este Crispin Patiño merece una regularidad de 2 por semana, siempre que tengas el tiempo y la inclinación de fumar algo solamente por el hecho de fumar y quizá no tanto para descubrir nuevas cosas, o incluso si estás «graduándote» a mejores sabores.

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Crispin Patiño – Maduros (distintas presentaciones)

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Su sabor definitivamente es más fuerte que los capa clara de Crispin Patiño, por lo que consideraría sin duda que es un ‘maduro’, aunque en un momento alguien me dijo que el color y la intensidad de este tabaco en particular se consigue remojando las hojas en ron durante unos dos años, aunque siempre había pensado que era por el tipo de planta y la cantidad de sol que reciben. El hecho es que sin duda son de sabor e intensidad más invasivo que las otras hojas de C&P.

Gracias a que vivo en Venezuela, he podido probar muchos productos de Crispin Patiño y colocaría esta variedad del Maduro de segundo (luego del torpedo). Su sabor es complejo y muy local con un alejamiento de los sabores más afrutados y, mejor aún, una aproximación a los sabores más autóctonos, como el cacao, el ron y la tierra, todos ellos en distintas intensidades dentro de este tabaco que sin duda se las trae.

El total tiende a ser un poco «brusco» en términos de sabor y reacción con la saliva, pudiendo tornarse a sabores fuertes y quizás hasta amargos, por lo que para mí significó combinarlo con un pacharán que todavía no estoy seguro si lo mejoró o simplemente se canceló con su intensidad. Igual, no dejo de recomendarlo.

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Quizá la variedad Maduro para principiantes y por eso se llaman Puritos. Es un tabaco que te dejará siempre queriendo más, pues su sabor e intensidad se ven muy aplacados por su tamaño y el hecho que difícilmente duran más de 30 minutos. En mi experiencia es el tabaco perfecto para disfrutar luego de un almuerzo pesado en casa de alguien que no te cae muy bien, y que no dé demasiado dolor apagar sin haber terminado. También puede ser bueno para quienes se estén iniciando en el mundillo de los tabacos más intensos.

Si, por el contrario, eres de los que les gusta fumar y fumar bastante, este no es para ti. Quizá el siguiente sí.

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Siendo honestos, el sabor de estos Crispin Patiño Torpeditos tiende a ser muy regular, es decir que desde el principio al final, cambia muy poco. A veces pueden ser más, o menos intensos, pero no te vas a encontrar con grandes sorpresas; quizá las mayores las encuentres en maduros de mayor tamaño (torpedos o churchill). Por ello, estos ‘torpeditos’ concentran quizá el mejor sabor de los maduros Crispin Patiño, en un paquete más compacto y duradero. Mi favorito de los maduros de C&P, sin duda.

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Tabacos Bermudez

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Una vez un amigo fumador me dijo que nunca se debe ir a una fiesta o reunión con un solo tabaco; siempre hay que llevar al menos dos, porque la experiencia del tabaco es para compartirla, el gusto de un tabaco en específico es digno de serle otorgado a alguien más y que sea el tabaco lo que haga que la conversación fluya y así, comienzan las mejores amistades Es algo que he aplicado siempre y lo que me ha dado mejores conversaciones y momentos de disfrute con nuevos amigos, quienes han adquirido por su cuenta buenos tabacos y siempre los comparten; es una cadena que tiende a dar buen resultado.

Teniendo eso en cuenta, el tabaco Bermudez es perfecto para cuando no quieres hacer amigos, es el regalo perfecto para un enemigo y la mejor manera de asegurarte que nadie más te pedirá un tabaco y mucho menos tu opinión sobre tabacos.

Bermudez es fabricado por Crispin Patiño, quizá la mejor marca de tabacos en Venezuela, ubicada en Cumaná, estado Sucre y con una tradición de casi 100 años, donde el proceso de fabricación sigue siendo manual para la mayoría de sus productos, incluyendo el Bermudez. Se llama así en honor al fundador de la empresa, y a la primera bocanada se hace casi obvio que nadie quería al pobre señor.

No me cuesta mucho admitir que los adquirí por pura ignorancia y mala asesoría, no porque me quisieran engatusar comprando esto, sino porque la asesoría vino directamente de la gente de Crispin Patiño, quienes no pueden decir realmente que su producto es malo, pero la caja cuesta casi la 5ta parte de lo que cuesta una caja de cualquier otro tabaco de ellos. La conversación fue algo más o menos así:

Diego: Qué tal son esos Bermudez?
C&P: Tenemos otros mejores
Diego: Pero, son malos?
C&P: Claro que no. Pero no se venden mucho.
Diego: Es que son tan baratos que no sé si comprarlos.
C&P: Puedes probar uno y regalar los demás (este debió haber sido el indicador)

Pero como soy terco y tonto, pagué la novatada. Crispin Patiño vende solamente mazos enteros de 25 tabacos a través de su web así que, dado lo baratos que estaban (como Bs. 800 por el mazo), lo compré, junto con otros mazos de mejor calidad.

En cuanto los recibí me di cuenta que había cometido un error. Al igual que casi todas las cajas de mazos en el mundo, los Crispin Patiño tradicionales vienen en cajas de madera, sellados y muy bien presentados. Los Bermudez vienen en una caja de cartón liviano e impresos por un solo lado. No obstante, decidí que debía encender uno. Me tomó 3 intentos encenderlo con soplete y cuando finalmente pude darle dos bocanadas, me dio un dolor de cabeza increíble. Pero me mantuve, fuerte y determinado a disfrutar mi tabaco barato.

Unos quince minutos después el tabaco se volvió a apagar y por más que intenté, no pude volver a encenderlo, no mantenía el calor… pensando que quizá tenía una burbuja de aire en algún lado, procedí a apretarlo un poco a lo largo del cuerpo y fue cuando me di cuenta de algo terrible: estaba todo chamuscado por dentro. El tabaco se había tostado todo por dentro mientras mantenía su cubierta casi intacta. Así fue como 24 de ellos terminaron en el fondo del humidor.

Unos 2 meses después decidí darles una nueva oportunidad, entre otras cosas porque sigo siendo terco, pero también porque estaba negado a pensar que los 24 tabacos estaban igual de malos, y comencé a detallar cada uno de los tabacos restantes. Lo primero que me impresionó fue que todos eran de colores muy diferentes y de consistencias que iban desde duro como un palo hasta esponjoso como un estropajo. Lo segundo que me llamó la atención es que aunque habían estado unos 3 meses en el humidor, no habían mejorado mucho. Su contenido es puro picadillo y la capa parece ser de desechos de tabaco, aunque en realidad no me impresionaría que lo sea. Sí debo decir que ese que me fumé no estuvo del todo malo (al menos en comparación con el primero), se quemó como debía y duró casi hasta el final, al punto que lo fotografié y es el que está al principio de esta reseña.

Desde entonces he fumado otros tabacos y he regalado algunos Bermudez a conocidos que se están iniciando en este mundo del tabaco, con la advertencia que es bastante malazo, pero que como no tienen el paladar entrenado, es bueno que prueben estos (cualquier excusa con tal de deshacerme de ellos). La realidad es que su calidad es merecedora de algún rito santero y no mucho más. Han pasado casi 8 meses desde que los compré y siempre han estado dentro del humidor, no porque espero que mejoren, sino porque tampoco tengo tantas ganas de ganarme enemigos. Curiosamente, ese tiempo les ha servido para empeorar.

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En los últimos 6 meses la mayoría se ha separado y pelado como los de la imagen, al punto que ahora son sencillamente los retenedores de humedad en el humidor, en donde quedan aproximadamente 15. Sinceramente me da lástima botarlos y sigo aferrado a la esperanza que alguno salga bueno, también porque creo que las novatadas hay que asumirlas y, en este caso, aprender a vivir con ellas.

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Bauzá

Como sucede con otras marcas más conocidas (Partagas, Montecristo, Romeo y Julieta) existen variaciones cubanas de tabacos de otros lugares que, al igual que estos, nacieron en Cuba y con la llegada de la dictadura, se mudaron a otro país y cuando el gobierno cubano las expropió, les mantuvo el mismo nombre.

Tal es el caso de Bauzá, con la diferencia que en Cuba se mantuvieron como tabacos de bodega, mientras que su homólogo en la República Dominicana se comercializa bajo el mismo nombre, pero con productos completamente diferentes que igualmente se venden bastante bien. Pero no hablemos de política; hablemos de este tabaco, el cubano.

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Como sucede con muchos de estos tabacos de bodega, la gama de sabores, texturas, colores y aromas puede contarse con dos dedos y Bauzá no es una excepción. El 90% de este tabaco es tabaco puro y de una o dos variedades a lo sumo, mientras que el resto se puede dividir entre tierra y sudor del torcedor. El relleno es prácticamente picadillo, lo que hace que dure un máximo de media hora con bocanadas suaves y no muy constantes, aunque hay que tener cuidado porque se apaga fácilmente. También hay que tener cuidado cuando te lo quitas de la boca, pues en todos los casos después de la mitad del tabaco quedaba con pedazos del picadillo en los labios o, incluso peor, en los dientes.

Con todo esto en cuenta, me encantó. Su humo es denso y azulado, pero muy rico en texturas, casi podría decirse que es cremoso, algo muy raro en un tabaco tan barato. Aunque su torcedura y contenido no son los mejores, es un tabaco que dura hasta el final y con el que gustosamente te quemas los dedos.

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Si tuviera que hacer un ranking de estos tabacos, aunque inconsistentes en su sabor, lo colocaría de tercero, luego de Moya y El Credito. Ciertamente vale la pena comprar un mazo entero, pero regalar varios entre los amigos, para que prueben algo diferente, y a menos de $5 por el mazo, bien vale la pena.

 

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Alec Bradley – Coyol

Un amigo que casi se convierte en el mejor de ellos me regaló esta caja de Alec Bradley Coyol Belicoso. Como todo amigo de esta era moderna, me envió primero una foto de la caja con el mensaje «mira lo que te compré». La verdad me costó mucho salir de mi asombro porque no es un gran amigo, solamente alguien que conozco desde hace un tiempo y con quien no habré cruzado más de media hora de conversación. Por supuesto que no iba a rechazar el regalo bajo ese pretexto, así que mucho le agradecí cuando nos encontramos.

La efusividad del agradecimiento fue directamente proporcional al peso de la caja, que rápidamente me hizo pensar que habría una cámara escondida cerca. La caja contenía un solo tabaco que, afortunadamente, sí era el famoso Alec Bradley Coyol, y por ello es que el amigo se mantuvo como amigo.

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En este punto debería dejar claro que cuando lo fumé era bastante novato en el tema del tabaco, y desde entonces he aprendido a apreciar mucho más los sabores, aunque sigo bastante lejos de considerarme un experto en el tema. Mi experiencia estaba muy limitada al tabaco venezolano y en los tabacos de bodega cubanos que, aunque muy buenos, no son realmente un «gran tabaco». Por mi ignorancia y falta de recursos, el tabaco no pasó ningún tiempo en el humidor, más que nada porque no tenía humidor en donde ponerlo.

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Comparándolo con otros tabacos hechos por Alec Bradley, este tiene una apariencia bastante lisa, sin muchas imperfecciones. Apenas lo piqué pude sentir aromas de cacao, pimienta, especias y un toque de café. Ciertamente mucho más aromático de lo que estaba acostumbrado y, para ser honesto, no estaba seguro que todos los aromas vinieran solamente del tabaco, pero no tenía distracciones tampoco.

Alec Bradley - Coyol 02

En la fumada el sabor predominante es el chocolate y un momento después algo de pimienta. Sin embargo, a medio tabaco, la mayoría de los sabores desaparecieron y tuve una quemada bastante irregular. Es como si la primera mitad fuese toda una lista de sabores, incluyendo también un toque de madera, caramelo y algo de cereza, pero a la mitad el sabor predominante era tabaco y mucho más fuerte que lo anterior.

Alec Bradley - Coyol 03

En el último cuarto del cigarro los sabores volvieron a presentarse, esta vez con toques más cremosos y una variación del chocolate del principio que lo hacía más dulce. Al final me quedé con las ganas de fumarlo más pues, aunque es un tabaco que requiere paciencia a la hora de sentir los sabores y poder identificar las variedades, y a pesar de su tamaño, dura poco. Antes de sentarme esperaba pasar un mínimo de una hora con él, pero a los 45 minutos ya estaba a punto de quemarme los dedos, a pesar de su quemada súper irregular, que me hizo pensar que tenía un tabaco malo, pero a la larga y con unos cuantos ajustes, se fue corrigiendo.

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Es un tabaco que realmente vale la pena si tienes la paciencia y el tiempo para pasarlo solo mientras lo aprecias, pues con la variedad de sabores que tiene, es fácil distraerse y no percibirlos todos. Misteriosamente se me apagó un par de veces, aunque también puede ser porque no pasó tiempo en un humidor para reconstituirse.

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Una de las mejores cosas de este tabaco es que no es sumamente invasivo, pero su sabor se queda contigo durante un buen rato después, haciendo que sigas disfrutando los sabores más predominantes.

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